"Niebla", Miguel de Unamuno
Isabel Reyes Bustos.
“Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa”.
La realidad es una niebla. Se presenta de manera oscura, turbia y borrosa, provocando en el hombre la necesidad de cuestionarse sobre el significado de su vida. Sus propias preguntas son aquellas que lo dejan inserto en su propia niebla. Mientras más signos de interrogación existan, más gruesos son los límites de la niebla y más difícil la salida. Un problema de existencialismo. Nace la necesidad de complementar el rol de científico y de rana al mismo tiempo, experimentando en uno mismo. Confundir lo negro con lo blanco, lo verdadero con lo falso, la ficción con la realidad, todo dentro de una misma niebla. Sin confusión, hay confusión.
La vida, la muerte, la existencia auténtica, el amor y la familia, son hechos que, a medida que las hojas del calendario van muriendo, van perdiendo vigencia o entrando en conflicto. Unamuno representa aquel cuestionamiento a través de Augusto, el personaje principal, quien se considera un muñeco de niebla que vagó durante años como un fantasma sin creer en su propia existencia. Hay un problema de existencialismo importante, y el autor así lo reflejó: “lo más libertador del arte es que le hace a uno dudar de que exista”. Augusto no fue más que un ente de ficción producto de la fantasía de Unamuno y Unamuno no fue más que el pretexto para que la historia de Augusto llegara al mundo.
Somos los que menos sabemos de nuestra propia existencia. No existimos sino para el resto y así sucesivamente en cada uno de nosotros. Estamos insertos en una niebla.

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