Orgullo y prejuicio
Camila Mellado Vargas.
De todos los galanes que abundan en la literatura, no hay quien iguale a Mister Darcy. Él es el galán por excelencia, quien recolecta suspiros desde hace más de 200 años y que en las últimas décadas se ha visto fortalecido por las adaptaciones que han hecho de su épico romance el cine y la televisión.
Pero, ¿qué tiene que lo hace tan deseable? Es la gran pregunta que buscaba contestar al leerlo hace ya un par de años. Apenas comienza la novela uno tiene una clara y firme respuesta. Nada. Mister Darcy es un perfecto cretino. Petulante, altanero y profundamente descortés, habría hecho llorar a cualquier chica contemporánea con sus desplantes. Pero no a Elizabeth Bennet.
Lo de ellos dos es a primera vista. Él la ve y la ama, ella lo ve y lo odia y ambos lo hacen apasionadamente. Pero el rechazo de ella es interpretado por el guapo y millonario Darcy como una forma novedosa de atraer su atención, ¿Quién podría pensar otra cosa? Él tiene todo para ser el mejor partido y ni yo, con lo quisquillosa que soy, me atrevería a desairarlo.
Con esta certeza toca ver, no con poco humor y compasión, cómo se estrella contra un muro de cemento cuando intenta declararse. En el alboroto ambos se acusan de crímenes imperdonables. Ella, de tener una familia de vergüenzas y de carecer de dote y posición social. Él, de ser un desalmado sin criterio ni modales. Comienza entonces la épica hazaña que le daría a Darcy el corazón de Lizzy y el de cientos de mujeres alrededor del mundo la de convertirse en una mejor persona por ella.
Casi tan grande como el prejuicio de ambos era el mío ¿Una novela romántica, de la época victoriana y escrita por una adolescente? Por respeto a mi reputación e imagen pública, la leí casi escondida. Pero apenas en la primera línea el miedo se disipó. ‘Es una verdad mundialmente reconocida que todo hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa’. Con éste, el más célebre comienzo novelesco de lengua inglesa, inicia el relato extrañamente fresco y moderno, plagado de humor e ironía, de una de las más entrañables historias de amor de la literatura.
¿El argumento? La superación y la búsqueda de la pareja perfecta. ¿Los obstáculos?, el orgullo y, por supuesto, el prejuicio de ambos.
Poblada de personajes llenos de humor y humanidad, como la una madre casamentera y el padre que ha perdido la fuerza y el interés para controlarla, o el eterno libertino, mentiroso y mujeriego, pero profundamente encantador de Wickham, construyen el escenario perfecto para hacer de “Orgullo y Prejuicio” uno de los más fieles representantes del género romántico. Con la salvedad de que la mayoría de los ahora clichés que abundan en el género e incluso en el amor son inventados en sus páginas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario