A SANGRE FRÍA
Por Stefan Amthauer H.
Eligio siempre me introdujo a la música, al conocimiento de mundo, la importancia de la inteligencia, la literatura y el cine. Es por eso que recuerdo tan bien que, cuando niño, cada fin de semana con mi padre arrendábamos una película, él completamente en desacuerdo con las producciones gringas, esas tan livianas que por minuto se siente 1,3 grados más de estupidez. El introductor y yo llegábamos a un acuerdo sobre qué sería bueno llevarse.
Mi criterio cabía en su confianza y siempre me decía:
— A ver, escoge tú. Tienes ojo para las buenas.
Un día, se topó con la producción fílmica del libro “A sangre fría”, de Truman Capote. Película tipo documental que hablaba del autor, Capote, y su involucramiento con el estudio del caso policial del cual trata la novela. Genial, un autor alcohólico, gay e interesado en un asesinato, pensaba en ese momento. Nos sentamos, la pusimos y la vimos. No sabía en qué me había metido, y fueron dos horas excelentes, con Philip Seymour Hoffman de anfitrión. Algo me quedó dando vueltas con esa película.
Al mes, mi padre encontró el libro original en su biblioteca personal.
— Toma — me dijo —, aquí está el libro de la película del otro día. Léelo, es realmente muy bueno
Sinceramente al principio no le di mucha importancia y lo guardé en el inicio de mi pequeña biblioteca.
Pasaron tres años y él ya no está conmigo. Vivo distinto, me veo forzado a seguir la cosa como venga ahora. Aunque no transcurre un día en que no piense en él, o no lo sienta cerca.
Pasaron tres años y entré a estudiar Periodismo. Me dieron un libro para leer en una asignatura: “A sangre fría”. Me suena, creo que lo tengo, pensé de repente, caminando.
Pasaron tres años y ahí estaba el libro que me entregó mi padre. En el mismo lugar en donde yo lo había dejado. Lo tomé, se lo agradecí. Fue como diciéndome: lo logré, ahora estás obligado a leerlo.
Bueno, lo leí. Fue como un regalo. En verdad, como una última historia que él mismo me podría ir contando. Fue eso lo que permitió que lograra sumirme en la historia con todas sus letras. Comprender y empatizar con cada una de las situaciones. Pena por una familia.
Libros me he leído varios, sólo que ninguno me lo había relatado mi papá.
A mi padre, Eligio Amthauer.

que pena que sólo hayas leído "varios" libros, yo a tu andar había leído miles....
ResponderEliminarPaulo, Cuando el sabio señala la luna, el tonto mira al dedo. Tremendo texto, muy potente.
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